jueves 29 de diciembre de 2011

Encantada.


-Bueno, vale, no me digas cómo estás. Pero al menos dime quién eres.

-Dije menos complicada. Pero intentaré responderte. El resumen de mi persona es que estoy como una regadera, te lo aviso ya, por si quieres salir corriendo ahora que estás a tiempo. 
Pero si quieres que especifique un poco más, comenzaré por el principio. Nací en la década en la que Christy, Naomi y Eva se contoneaban por las pasarelas y la gente se besaba en la playa con el amanecer como telón de fondo y el estribillo de “One” sonando en el radiocasette. 
No soy romántica, pero de las veintisiete veces que he visto Casablanca, no ha habido ninguna en la que no acabase llorando. Estudio Derecho pero no pienso que la vida sea justa. Creo en la lógica pero hago los exámenes con la cinta de la Virgen del Pilar en el bolsillo. Sólo he dicho “te quiero” un par de veces, y me parecen demasiadas. 
Las canciones de Iván Ferreiro han sido la banda sonora de mi vida desde que tengo uso de razón y los libros de Paulo Coelho se turnan en mi mesilla de noche preguntándose por qué leeré historias de las que ya sé el final. 
Cuando digo que me duele la cabeza quiero decir que en realidad me duele el corazón, y cuando digo que no me pasa nada, lo cierto es que me pasa todo. Se me da muy bien huir de las personas que más necesito cuando en realidad lo que me hace falta es que me agarren de una manga y me pidan que me quede. Y no sé, podría describirme como inconformista por aquello de que cuando hace calor me apetece estrenar botas o cuando más estabilidad tengo más urgente se me hace que me zarandeen y me recuerden que sigo estando loca. 
Qué más… tengo una estrecha relación con la estación de Atocha y se me cambia la cara cada vez que piso Madrid. Recuperé el amor propio hace cosa de un año, y te diré que la única forma de recuperarlo es en brazos ajenos. He tropezado varias veces en la misma piedra y creído las mismas mentiras. Sin embargo sigo levantándome cada mañana, por aquello de que hay que seguir respirando, quejarse de que es lunes, alegrarse de que es viernes, y ver Desayuno con Diamantes los domingos. 
En definitiva, soy M, experta en meter la pata y engancharse en los pomos de las puertas. Encantada.

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